| La Ciudad de México se ubicó
en medio de un lago que, con el paso de los siglos, se ha vuelto sólido.
México nació en el agua, elemento vital por excelencia, en combinación con el sol, custodiado por la grandeza del Popocatépetl y el
Iztaccíhuatl que vieron y ven transcurrir la historia de esta gran
nación.
El valle verde y azul, donde se asentaron sus primeros
pobladores, vio con sorpresa creciente, como estos pioneros lo
salpicaban con una incesante explosión de colores y murmullos que se
hacían presentes en el bullicio de sus mercados y en sus complicadas
ceremonias y rituales.
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